ROSARIO ESPINAL

VENTANAS EN EL ESPACIO

Leonel Fernández, el matrimonio sin encanto enero 28, 2015

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Artículo publicado el miércoles 28 de enero de 2015 en el periódico HOY 

Es muy probable que Leonel Fernández sea el candidato presidencial del PLD en las elecciones de 2016, y es muy probable que gane esas elecciones dado el estado patético de la oposición. Pero ninguna de estas dos probabilidades elimina el problema fundamental que enfrenta Fernández actualmente, hacia el 2016 y después.

Su legado está ahí, con luces y sombras, y las sombras bloquean los rayos de luz. La corrupción es el tema negativo dominante al que se le vincula, pero en mi opinión, en el sustrato de la valoración que hace la ciudadanía de su presidencia, hay otros factores importantes.

Hace muchos años, Leonel Fernández enunció el slogan de que sólo la educación salva; sin embargo, durante sus 12 años de presidencia, la inversión en educación se mantuvo baja, no se cumplió con el 4% del PIB que establece la ley, y tampoco se impulsó un plan de renovación cualitativa del sistema educativo dominicano. La ejecutoria fue deficiente.

El gobierno de Danilo Medina no ha impulsado una reforma importante del sistema curricular, pero sí el plan de alfabetización, asignó el 4% del PIB a la educación, mejoró los salarios de los maestros, y estableció la tanda extendida de la que se benefician miles de familias de bajos recursos por el subsidio en alimentos y atención a los hijos.

Leonel Fernández pudo haber hecho todo eso y no lo hizo. Por el contrario, se desgastó justificando por qué no se podía ni debía invertir el 4% del PIB en la educación.

En sus esfuerzos discursivos, Fernández pensó que lograría convencer a la población de sus planes por la simple argumentación, pero no lo logró; y ahora mucha gente lo percibe indiferente o macabro. Danilo Medina se posicionó como la antítesis y las encuestas revelan los resultados positivos en la valoración de la población a su gestión.

Igual ha sucedido con el servicio exterior. Las relaciones internacionales han sido tema de interés y conocimiento de Leonel Fernández. Sin embargo, en su gobierno proliferaron las botellas en consulados y embajadas. La cancillería se convirtió en un mercado reformista de ineficiencia y marrullas. La diplomacia magnificó el mal clientelar de dominicanos con deseos de vivir en el exterior subsidiados por el Gobierno, o de ganar en dólares residiendo en República Dominicana. Muchos de los nombrados no tenían la capacidad para cumplir las funciones supuestamente asignadas, y según declaraciones del actual canciller, el 40% de los empleados en el servicio exterior no trabaja. En ese estado decadente dejó Leonel Fernández el servicio exterior dominicano al marcharse.

Danilo Medina, que no es experto en relaciones internacionales ni tiene ese como tema de gran interés, convocó un foro hace varios días para reencauzar la empleomanía diplomática por mejor sendero para el país. Podemos dudar de que se logren los objetivos anunciados en el foro, pero se abre una esperanza que quizás valga la pena albergar.

En dos años y medio en la Presidencia, el gran aval de Danilo Medina es haber despertado en la población la esperanza de que el país pueda transitar por un mejor sendero a pesar de todos los problemas. De ahí deriva su alta aprobación.

El gran déficit político de Leonel Fernández actualmente radica en que un amplio segmento de la población no lo ve como fuente de esperanzas. Este es su mayor desafío político, no si gana o pierde la contienda interna del PLD o las elecciones de 2016. Porque gobernar sin generar esperanzas en la ciudadanía es como un matrimonio sin encanto; se vuelve una cruz muy pesada.

Enlace al periódico HOY: http://hoy.com.do/leonel-fernandez-el-matrimonio-sin-encanto/autor/rosario-espinal/

 

El Papa Francisco y los conejos, ¡Oh Dios! enero 21, 2015

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Artículo publicado el miércoles 21 de enero de 2015 en el periódico HOY

En diversos temas, la Iglesia Católica se aferra a ideas ancestrales que no se corresponden con los problemas y desafíos de las sociedades actuales. La procreación y los métodos anticonceptivos es uno de ellos.

En sus ya acostumbradas declaraciones espontáneas, el Papa Francisco reafirmó a los periodistas en su viaje de Filipinas, la oposición de la Iglesia a los métodos artificiales, aunque señalo que ser católico no significa reproducirse como conejos. Agregó que el promedio de hijos por familia debe ser tres para mantener la población a niveles saludables, y no ocurra como en Italia donde pronto no habrá quien mantenga a los viejos.

Me parece bien el llamado del Papa a no ser conejos, ¿pero tres hijos por familia? ¡Oh Dios! No creo que actualmente haya un país en el mundo que pueda sostener adecuadamente ese nivel de reproducción. Unos porque están superpoblados, y otros porque tienen mucha pobreza; o ambas cosas.

En esta isla hay dos muestras alarmantes. República Dominicana y Haití tienen en conjunto más de 20 millones de habitantes. Cuba es más grande y tiene 11 millones. Un promedio de tres hijos por familia representa una verdadera catástrofe humana. En pocas décadas duplicaríamos la población.

La Iglesia Católica, con el poder que tiene, debería asumir el tema de la reproducción con mayor responsabilidad. Es un tema muy complejo para dogmatismos.

No vivimos en sociedades rurales donde cada familia produce en su parcela lo que necesita para subsistir y la educación es insignificante. No vivimos en sociedades donde el Estado garantiza alimentación, educación, salud y vivienda a todos los niños y jóvenes. No vivimos en sociedades de prosperidad donde los padres, ni siquiera las madres, puedan permanecer en el hogar por largos años hasta criar a los hijos. No vivimos en sociedades donde el salario de la mayoría alcance para criar decentemente tres hijos.

Seamos sensatos: ¿cuántos hijos pueden criar las familias dominicanas con salarios menores de 25 mil pesos mensuales?

Si la Iglesia Católica insiste en oponerse a los métodos anticonceptivos, debería consecuentemente abrir muchos albergues para atender a millones de niños en el mundo que no pueden ser mantenidos ni atendidos por sus padres. Porque el método del ritmo es altamente impreciso y las parejas en la cama impredecibles.

Si la Iglesia no está dispuesta a ofrecer este servicio social a la humanidad, entonces debe dejar a discreción de los padres la decisión de cuántos hijos tener y cuándo. La oposición a los métodos anticonceptivos que propaga la Iglesia Católica es también una “ideología colonizadora”, para usar un término papal.

En República Dominicana y Haití se necesitan medidas efectivas de control de la natalidad, porque la reproducción en la pobreza sólo genera más pobreza. Ambos países tienen un bajo nivel educativo, Haití peor; y hay una fuerte correlación entre pobreza y procreación: a mayor pobreza, mayor número de hijos por la falta de información.

Ahí radica un gran desafío de esta isla; porque una vez criados en la pobreza, muchos jóvenes, restringidos en sus posibilidades de movilidad social, se vuelven delincuentes. Que los maten en los barrios no es una política social aceptable, como tampoco es el encarcelamiento, por más algarabía que se haga cuando se aumentan los años de cárcel a los criminales.

El control de la natalidad no es por sí solo una política de desarrollo social, pero sin ello será imposible que muchos países mejoren el nivel de vida. La evidencia está en nuestras narices. La sobrepoblación y la pobreza desangran esta isla. El panorama desolador de Haití es el espejo dominicano.

Enlace al periódico HOY: http://hoy.com.do/el-papa-francisco-y-los-conejos-oh-dios/autor/rosario-espinal/

 

Las religions: entre el bien y el mal enero 14, 2015

Filed under: Artículos periodísticos de los miércoles — rosarioespinal @ 8:50 am

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Artículo publicado el miércoles 14 de enero de 2015 en el periódico HOY 

Con razón la filosofía democrática ha planteado reiterativamente la necesidad de separar el Estado de las religiones. Esto no significa que la ciudadanía deba ser atea, o que las religiones no jueguen un papel importante en forjar valores sociales. Lo que significa es que las religiones no pueden dictar de manera dogmática, y mucho menos fanática, las leyes que de manera racional un Estado debe establecer para la convivencia de una pluralidad ciudadana en base al respeto de derechos humanos.

Utilizo aquí un ejemplo para ilustrar. La iglesia católica condena el divorcio. Por eso, una persona casada por la iglesia no puede divorciarse y casarse nuevamente por el rito católico, a menos que obtenga una dispensa especial difícil de lograr para la mayoría de los católicos. Más aún, si una persona divorciada se casa nuevamente por la ley, no puede recibir la comunión. La iglesia católica tiene absoluto derecho a establecer esas reglas e imponérselas a su feligresía. Pero no significa que en cada país donde se practica el catolicismo deba prohibirse legalmente el divorcio.

Si en una encuesta en República Dominicana se preguntara si el divorcio debe prohibirse legalmente y penalizarse con cinco años de cárcel a las parejas que se separen, posiblemente la inmensa mayoría estaría en desacuerdo, a pesar de que la mayoría es católica. La realidad social se impone al dictado religioso, y muchas personas que se divorcian siguen siendo católicas aunque con restricciones.

Pregunta: porque la iglesia católica condene el divorcio, ¿significa que los legisladores que lo aprobaron en República Dominicana deban ser denunciados en misas y emisoras para que no los reelijan?

Traigo el tema a colación por dos acontecimientos recientes.

El primero es el debate en este país sobre la despenalización del aborto en el Código Penal por tres causales: riesgo de vida para la madre, incesto o violación, y deformación incompatible con la vida.

Tanto la iglesia católica como las evangélicas se opusieron ferozmente a la despenalización en base a dogmas religiosos. Lo que procedía era que el congreso aprobara las observaciones presidenciales porque se supone que vivimos en una democracia con leyes racionales que protegen derechos humanos, no en una teocracia fanática.

No obstante, muchos congresistas arguyendo principios cristianos se opusieron, y el desparpajo fue tan grande, que los diputados aprobaron las observaciones presidenciales a medias y al vapor, y brincaron el Senado. Al hacerlo así, los legisladores no cumplieron con su papel de legislar racionalmente para toda la sociedad, no en función de dogmas religiosos. Recuerden, no vivimos en una teocracia.

El segundo acontecimiento es la matanza en Paris del personal de la revista Charlie Hebdo. Es ya frecuente en el mundo presenciar masacres a nombre de Mahoma, de la misma manera que en la historia se han producido masacres a nombre del cristianismo o del judaísmo. Irlanda, la antigua Yugoslavia o Israel sirven de ejemplos no lejanos.

El problema fundamental es que las religiones se forjan con dogmas inamovibles que pueden derivar en fanatismo, y las sociedades son en esencia plurales y cambiantes. Sólo la democracia en los últimos 200 años ha intentado (con algunos éxitos y todavía muchos desafíos), forjar una filosofía y una práctica política que aboga explícitamente por la separación entre Estado y religión para descontaminar la política del excesivo dogmatismo religioso.

Las religiones representan sin duda una gran invención de la humanidad. Ofrecen mensajes de amor y esperanza. Paradójicamente, son también fuente de violencia, exclusión e intolerancia. De ahí su fuerza para el bien y el mal.

Enlace al periódico HOY:  http://hoy.com.do/las-religiones-entre-el-bien-y-el-mal/autor/rosario-espinal/

 

Cedulación: una barbaridad enero 7, 2015

Filed under: Artículos periodísticos de los miércoles — rosarioespinal @ 11:21 am

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Artículo publicado el miércoles 7 de enero de 2015 en el periódico HOY 

Si fuera el año 1962 o 1978, se entendería que la población dominicana adulta fuera sometida a un proceso nacional de cedulación en un período determinado de tiempo. En 1962 se organizaron las primeras elecciones democráticas después de la dictadura de Trujillo, y en 1978 terminó la semi-dictadura de Joaquín Balaguer. En el año 2014 habían transcurrido 36 años de la transición política de 1978.

A pesar de los altibajos, desde 1978, las elecciones dominicanas han sido más o menos competitivas; y desde entonces, han pasado por el gobierno los tres partidos principales del sistema político dominicano: PRD, PRSC y PLD. Es decir, la democracia electoral dominicana no es nueva ni novata.

Por eso, hace mucho tiempo que la Junta Central Electoral (JCE) debió emitir cédulas de larga duración, y que cada quien la renueve en relación con su fecha de nacimiento para evitar las aglomeraciones que vimos en el 2014 y en los primeros días de 2015.

Pero siempre ha sido más rentable para la JCE tener grandes presupuestos y gastar dinero del fisco en una cedulación general cada cierto tiempo.

Para justificar el gasto en esta ocasión se ha planteado que la nueva cédula será más segura. Entonces, si es así, ¿por qué tiene una duración de sólo 10 años?

La cédula no es una licencia de conducir que requiere revisar la visión de los conductores cada cierto tiempo y pagar impuestos. La cédula es un documento de identidad personal gratuito requerido a nivel nacional para múltiples transacciones civiles, políticas y económicas. Su gratuidad debería ser razón suficiente para que su duración sea larga y no se someta toda la población a un tedioso proceso de renovación en un período de tiempo limitado.

En los últimos meses, además de la pérdida de horas laborables por el azote de la chikungunya, la población dominicana ha estado sometida a largas filas y esperas para poder sacar la nueva cédula. Antes de las siete de la mañana ha sido común ver largas filas en muchos centros de cedulación.

Por experiencia propia y de personas que conozco, el tiempo mínimo requerido para obtener la nueva cédula ha sido unas tres horas, pero en muchos casos ha sido todo el día. Para comprobación, sugiero a los lectores que contabilicen el tiempo que pasaron para obtener su nueva cédula, y también pregunten a personas conocidas el tiempo que les tomó. Eso servirá de comprobación.

Es cierto que muchos dominicanos dejan para última hora la obtención de documentos, pero esa no es la única razón para las grandes filas. Quienes obtuvieron la cédula en mayo o junio de 2014 también pasaron largas horas esperando.

Someter toda la población dominicana a este proceso cada cinco, diez o quince años es totalmente innecesario. La primera emisión de una cédula puede tener expiración de 10 años para personas que ingresan por primera vez al sistema al cumplir 16 o 18 años, pero luego debe ser un documento permanente que no necesite renovación a menos que se deteriore, se pierda, se cambie de estatus, o se produzca un cambio tecnológico tan significativo que amerite un proceso de cedulación nuevo a nivel nacional.

Si los documentos se emitieran de manera fehaciente, si el registro civil estuviera ya totalmente digitalizado, si existiera menos suspicacia de fraude en este país, y si las instituciones gubernamentales no fueran adictas a gastar dinero del pueblo alegremente, la población no tuviera que ser sometida a este tedioso proceso de cedulación. Se evitaría pérdida de tiempo y de dinero.

Enlace al periódico HOY:  http://hoy.com.do/cedulacion-una-barbaridad/autor/rosario-espinal/

 

 
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