ROSARIO ESPINAL

VENTANAS EN EL ESPACIO

Jeroglíficos de la rebelión 2.0 febrero 26, 2011

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María Elena Ques, Revista Ñ, 21 de febrero de 2011.

A lo largo de la historia de la política democrática, las formas de circulación de la información y los cambios tecnológicos han tenido un papel central para definir los mecanismos de participación política y la expresión de las demandas populares. Cada nuevo medio actualiza viejos interrogantes en torno a estos problemas y hace posibles nuevas formas de producir sentido.

La irrupción de Internet, caracterizada tanto por la velocidad de su propio desarrollo como por el acelerado ritmo que imprime a los acontecimientos, produce un deslumbramiento tal que, no pocas veces, eclipsa la supervivencia de añejas tradiciones trenzadas con nuevos formatos. Los ardides de la censura y los de los censurados, por ejemplo, vienen dibujando desde hace siglos una especie de grotesco minué, hecho de avances y tropiezos. En 1784, un bando de Federico II de Prusia establecía que las personas privadas no estaban “autorizadas a emitir juicios públicos especialmente juicios reprobatorios” sobre las acciones del soberano o “a darlas a conocer mediante la impresión”, debido a que los súbditos no tenían los conocimientos ni la formación para pronunciarse sobre tan graves materias. Cinco años más tarde, estallaba en París la Revolución Francesa, que anunciaba la declinación final de las monarquías absolutas en Europa y liquidaba, también para siempre, las ilusiones de Federico II.

El más espectacular y reciente tropezón de esa nutrida serie lo dio el declinante Mubarak al forzar un apagón informático a nivel nacional. Gesto brutal, por cierto, pero también ingenuo. Los rebeldes desplegaron la estrategia del zorro y generaron rápidamente vericuetos tecnológicos para garantizar que sus convocatorias siguieran circulando. Los usuarios de las redes recurrían a los pequeños servidores que habían logrado esquivar el apagón, hacían circular entre sus pares las instrucciones para burlar la censura, o empleaban un sistema combinado (speak to tweet) que permitía dejar mensajes en un número de teléfono internacional, habilitado por las empresas, para que luego fueran transformados en tweets.

La fallida estrategia de control enfilaba, en cambio, por la vía rápida, hacia un caos mucho mayor del que intentaba exorcizar: buena parte de la actividad comercial, financiera y cultural de Egipto quedó fuera de combate mientras duró el corte. Al señalar tan ostensiblemente el temor que le inspiraba el poder de convocatoria de los sublevados y los efectos de la red, lo que el régimen egipcio comunicaba era, sobre todo, la inminencia de su propio fin.

También parece algo ingenuo haber pensado que, cerrando el grifo que daba cauce al descontento, lograría contener la rebelión. En enero egipcio las tecnologías de la comunicación tuvieron un protagonismo indudable y fortalecieron la identidad de los grupos juveniles que convocaron a la manifestación del día 25. Pero el movimiento popular que terminó con la caída del régimen estuvo compuesto por factores sociales y políticos muchísimo más complejos. La masividad de la protesta no era resultado mágico de la inspiración de algún cibernauta audaz, aunque los haya habido. La resistencia al régimen de Mubarak venía trabajando pacientemente desde hace años en diversos frentes –con huelgas y blogs, en el movimiento de intelectuales y en Twitter– y el vuelco final de la revuelta parece haber sido disparado por la adhesión de los sindicatos llamando a la huelga general. No hace falta ser egiptólogo para percibir que, cuando la insatisfacción rompe el dique, los mecanismos innovadores de Internet, el artesanal boca a boca, la red televisiva Al Jazeera o las ubicuas cacerolas pueden impulsar una convocatoria exitosa. En particular, en una sociedad donde la penetración de Internet es del 21% y la tasa de analfabetismo alcanza niveles pavorosos es oportuno ser cautelosos antes de poner el foco exclusivamente en los encantos de la Web.

Howard Rheinghold, uno de los más reconocidos expertos en los efectos sociales de la tecnología, acuñó hace ya algunos años la expresión “multitudes inteligentes”, para designar a estos “grupos de personas que emprenden movilizaciones colectivas –políticas, sociales, económicas– gracias a que un nuevo medio de comunicación posibilita otros modos de organización, a una escala novedosa, entre personas que hasta entonces no podían coordinar sus movimientos”.

El tipo de valores políticos que están en juego en este cambio, las formas novedosas en que se amalgaman estas multitudes plantean uno de los problemas más interesantes del campo actual de las ciencias sociales. Tanto el formidable vuelco electoral producido en España en 2004 como las recientes movilizaciones de los estudiantes británicos o las protestas de los jóvenes griegos en 2008 generan cierta perplejidad ante el peso político que llegan a tener grupos de personas sin adscripciones previas a un colectivo común y con la sola amalgama de consignas lo suficientemente generales como para aglutinar fugazmente a grupos con intereses diversos.

En los análisis de estos episodios –y el caso egipcio no es la excepción– se suele mencionar con simpatía su carácter “espontáneo”, “independiente”, o “no ideológico”. Tal celebración indica, por lo general, que los grupos en cuestión no pertenecen a un partido político en el sentido clásico. Pero resulta un tanto disparatado menguar la politicidad del gesto de los grupos que pasaron 20 días en la plaza –resistiendo patotas y balaceras– para exigir un régimen demócrático, justo y participativo. La declaración de principios del Movimiento de Jóvenes 6 de abril –cuyo nombre conmemora precisamente una masiva huelga que tuvo lugar en esa fecha en 2008– explicita su vocación por enlazar su lucha con la de huelguistas e intelectuales. Definir tal acción como “no ideológica” sólo se comprende si nos atenemos a una concepción estrecha del concepto de ideología.

El triunfo de la rebelión egipcia fue celebrado en el mundo entero porque reaviva la idea del soñado protagonismo de “los nadies”. Sin embargo, cabe preguntarse si estas nuevas formas de asociación de liderazgos difusos, en las que conviven demandas contradictorias podrán sostenerse en el tiempo. ¿Cómo traducir la eficacia de estas convocatorias para el repudio en un proyecto político que se sostenga en el futuro? ¿Es posible para un grupo de estas características proyectarse hacia la construcción de un orden político diferente sin perder fuerza y popularidad? Los derroteros que pueda seguir a partir de ahora la política egipcia resultan, según los especialistas, tan enigmáticos como la Esfinge. Una vez que se calmen los festejos, la creatividad demostrada por los rebeldes egipcios en la lucha contra el régimen de Mubarak deberá orientarse al desafío de debatir la construcción de un nuevo orden político. Las herramientas que desarrollaron a través de la Web les ofrecen un escenario propicio para ampliar el acceso a la discusión y mantener la cohesión alcanzada. David ya venció a Goliat, ahora deberá construir su reino.

Enlace: http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/politica-economia/Jeroglificos-rebelion_0_431357030.html

 

Haitianos: pudo más la explotación que el patriotismo febrero 23, 2011

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Rosario Espinal

Artículo publicado en el periódico HOY el miércoles 23 de febrero de 2011 

Rafael L. Trujillo ordenó la masacre de haitianos en 1937 para dominicanizar, pero dejó que trabajaran en los ingenios azucareros. Joaquín Balaguer, conocido intelectual del anti-haitianismo, trajo haitianos a trabajar en los ingenios y también permitió que suplieran la mano de obra en otros sectores de la economía.

Cuando los haitianos trabajaban solamente en el azúcar vivían encerrados en los bateyes y eran piezas exóticas del paisajismo de la pobreza dominicana. Su trabajo arduo bajo el sol picante enriqueció a colonos y dueños de ingenios públicos y privados, y luego a finqueros de otros productos.

Después vino la migración masiva de dominicanos al exterior en la década de 1980, y con ello el boom de la construcción en la década de 1990. Entonces ingenieros y constructores aprendieron de colonos y hacendados a contratar mano de obra barata haitiana.

En Haití, por su parte, las cosas cambiaban. El dictador Jean Claude Duvalier fue derrocado en 1986, y sin terror estatal cotidiano, los haitianos comenzaron a desplazarse. No había ya una contraparte gubernamental haitiana para que República Dominicana contratara mediante acuerdo de gobierno a gobierno la traída de haitianos. Se hizo entonces por la libre.

En la medida que la inestabilidad y la miseria en Haití aumentaron, también creció el deseo haitiano de emigrar, y República Dominicana, por ubicación geográfica, es el destino migratorio natural.

Sin controles fronterizos adecuados y sin requerimientos legales para dar empleo, la República Dominicana siguió recibiendo haitianos, y con el paso del tiempo, no hubo voluntad gubernamental para controlar ni adecentar el proceso migratorio.

He aquí la situación actual. Civiles y militares dominicanos ubicados en puestos de frontera hacen muy mal su trabajo (la prueba más evidente es la cantidad de haitianos indocumentados que cruza constantemente), los empresarios quieren trabajadores haitianos para explotarlos (son los primeros que gritan cuando se los quitan), y los voceros dizque nacionalistas hacen bulla, azuzan la xenofobia, crean fábulas de fusión, y no proponen soluciones viables.

Encima, cuando el gobierno hace repatriaciones es puro teatro porque sacan los haitianos por un lado y entran por el otro. Las redadas permiten al gobierno dar la apariencia de que combate la migración indocumentada, pero en unos días concluyen las repatriaciones, generalmente cuando algún diplomático habla de derechos humanos y un funcionario dominicano envalentonado le responde. Fin del espectáculo mediático.

Ahora República Dominicana tiene una nueva Constitución que no resuelve nada. Niega derechos de ciudadanía a los hijos de indocumentados nacidos en territorio dominicano, pero hay muchos miles de personas que nacieron en territorio dominicano, son hijos de inmigrantes haitianos indocumentados y no van a regresar a Haití porque se criaron en República Dominicana. Esta población permanece sin papeles y sin derechos elementales.

En vez de ayudar a resolver el problema, esta Constitución agrava la situación porque gesta una nación de apartheid, y quien no quiera verlo así que reflexione profundamente sobre las implicaciones sociales y legales del Artículo 18.

La situación actual es sumamente peligrosa porque hay muchos inmigrantes haitianos, la sociedad dominicana no tiene recursos económicos para integrarlos adecuadamente, el sistema legal es excluyente, y muchos empresarios tienen como único propósito explotarlos.

Esta situación produce y seguirá produciendo fricciones a nivel popular entre dominicanos y haitianos, y estas fricciones, aunque favorables para la explotación laboral que desean muchos empresarios, incluyendo el Estado, son funestas para la convivencia humana.

En este 167 Aniversario de la Independencia vale decir que en la República Dominicana pudo más el deseo de explotación que el patriotismo inspirador de la gesta de 1844.

Enlace al periódico HOY: http://www.hoy.com.do/opiniones/2011/2/22/363607/Haitianos-pudo-mas-la-explotacion-que-el-patriotismo

 

Ciberculturas febrero 20, 2011

Filed under: Visitas analíticas — rosarioespinal @ 8:23 am

Luciano Sanguinetti, Página 12, 20 de febrero de 2011

 

La palabra cibercultura deriva del concepto de ciberespacio que fue popularizado por el escritor William Gibson en su novela Neuromante. A finales de la década del ochenta, cuando el proceso de expansión de las TIC (tecnologías de información y comunicación) comenzó a acelerarse, la palabra cibercultura definió las experiencias y producciones que se desarrollaban en esta nueva dimensión de la cultura contemporánea que hacía de las mediaciones tecnológicas su centro de gravedad. Entre sus rasgos primordiales encontramos la interactividad con las máquinas, la hipertextualidad y la conectividad que facilita formas de comunicación e información mediada por los ordenadores.

Claro, aquello que comenzó como una expresión para identificar a ciertos grupos marginales de científicos, tecnólogos, artistas, fue paulatinamente extendiéndose a medida que avanzaba la informatización de la sociedad. Hoy, la denominada cibercultura abarca la cultura mundial y se profundiza en determinados grupos sociales y etarios, en particular los jóvenes, dando origen a las ciberculturas juveniles. Para el sociólogo argentino Marcelo Urresti, los jóvenes han desarrollado a partir de los usos de las TIC una verdadera revolución cultural, en la que se transforma la relación que tienen con nuestro entorno.

 

   Jóvenes y tecnologías

 

Igualmente, la relación de los jóvenes con las tecnologías no es nueva, y ni siquiera les corresponde exclusivamente a los jóvenes de hoy; ya sus padres incorporaron el sistema de televisión por cable o las primeras computadoras personales, del mismo modo que los padres de sus padres lo hicieron con la televisión, la radio o el cine. En síntesis, observar particularmente sorprendidos cómo los jóvenes interactúan con celulares o Internet es desconocer que son producto y viven una sociedad moderna que comenzó a inaugurar periódicamente nuevas formas de comunicación desde la invención de la imprenta y que estos modos diferentes de comunicación no son más que un jalón de este proceso de transformación sociocultural que llamamos modernidad. Esto nos obliga a preguntarnos qué es lo verdaderamente nuevo.

La respuesta no es tan sencilla como la pregunta, pero ya podemos arriesgar que la novedad radica en que los antiguos medios de comunicación e información todavía estaban inmersos en una lógica mediocéntrica, la de un gran productor de contenidos unilaterales y una masa indistinta de consumidores. Esos mensajes eran producidos industrialmente por grandes compañías que elaboraban esos contenidos sobre el modelo fordista de producción serializada: un contenido accesible, simple, con pretensiones de ser masivamente consumido. Lo que hoy vivimos con las nuevas tecnologías es que los usuarios se han vuelto los productores, que se ha quebrado la lógica emisor-receptor diferenciada y que somos tanto emisores como receptores, lectores como escritores, consumidores como productores de mensajes y contenidos.

Dentro de este cambio revolucionario, desde el punto de vista del acceso al conocimiento y del estatus que ha adquirido ese conocimiento, los jóvenes son los que más rápidamente se han apropiado de las nuevas herramientas. Se habla de empoderamiento. Sin embargo, alimentado desde el principio de la historia, la relación entre el hombre y las máquinas siempre está envuelta en ese halo de misterio, como vemos reflejado desde Frankenstein en adelante, pasando por Metrópolis o Terminator, siempre está envuelta en un halo de misterio.

¿Las tecnologías nos deshumanizan? ¿El hecho de que hace miles de años hayamos inventado el garrote nos ha hecho menos pensantes? ¿Acaso el afán de dejar la subordinación a la naturaleza nos ha subordinado a otra cosa? En el pensamiento occidental la tradición romántica ha sido la que más ha llamado la atención sobre este peligro: un mundo de máquinas insensibles se vuelven contra sus creadores, una sociedad de aparatos va tejiendo en torno de los sujetos una red de la cual emergemos paradójicamente menos libres, como en aquella famosa jaula de hierro de la que hablaba Weber. Incluso peor, porque los finos tentáculos de esa red se han vuelto invisibles, de fibra óptica, y en el proceso, cuando creemos que dominamos a las tecnologías somos dominados por ella, cuando creemos que hablamos con las tecnologías somos hablados por ellas.

  

   La encrucijada: ¿deshumanización?

 

Dijimos al comienzo que la interactividad, la hipertextualidad y la conectividad eran algunos de los rasgos sustanciales de la cibercultura y que en ella los jóvenes eran los más expertos habitantes, los nativos. Precisemos. Interactividad supone esencialmente que las máquinas actuales tienden en gran medida a que los usuarios realicen más operaciones definiendo con mayor precisión lo que quieren y necesitan. Pueden definir contenidos, pueden ofrecer sus propias producciones, pueden buscar con quién comunicarse o compartir lo que producen, pero también pueden restringir su uso, en determinados niveles y alternativas. Las tecnologías de comunicación e información contemporáneas avanzan hacia el perfil de un usuario más que en un receptor. Marcelo Urresti llamó a esto prosumidor, es decir, un consumidor y productor que en funciones a veces simultáneas se relaciona con el mundo tecnológico. Interactividad implica que ha desaparecido aquella programación generalizada, sumado al hecho de que las tecnologías de hoy desubican también a los medios tradicionales. Cuando vemos una película en casa, ¿eso es cine? Cuando miramos una serie televisiva en la PC, ¿eso es televisión? Cuando escuchamos música en el celular, ¿eso es radio? Lo que se observa claramente es que lo que determina a las tecnologías de hoy es la convergencia. Como sugirió Henry Jenkins, una convergencia que es mucho más profunda que la síntesis entre audio, video y ordenadores; vamos hacia una cultura general de la convergencia en la que las producciones circularán en múltiples soportes. O quizá mejor dicho, los soportes ya no serán el contenido de los mensajes. ¿Es acaso una respuesta al famoso aforismo de Mac Luhan? ¿No es el medio ya el mensaje?

La hipertextualidad nos habla de la proliferación de multimediales lenguajes. La escritura en soporte digital ha revolucionado las comunicaciones, pero también lo hace el desarrollo de una segunda oralidad reproducida por la imagen en movimiento, el celular, el cine digital o las webcams. Lo sonoro reconfigurando nuestro espacio como sucede con las computadoras en los autos. Pero también una hipertextualidad que remite a las posibilidades de construir un discurso en el cual los enlaces se multiplican, a través de infinitas fuentes de información. El hipertexto lo que disuelve, como bien señaló Sabelli, es el discurso único del manual, el trabajo de la memoria como repetición.

 

   La conectividad

 

Por último, la conectividad. ¿Qué significa estar conectados? La respuesta no es sencilla tampoco, pero intuyo que para los jóvenes estar conectados es de algún modo estar en el mundo, y eso no es saber aquello que se supone deben saber, sino saber lo que ocurre a través de ese intersticio entre la cultura oficial y la cultura popular en el que siempre confrontan dos estilos de vida, dos verdades, dos formas de ver el mundo. Los jóvenes quizá por estar en ese lugar de transición son los más perceptivos a esas contradicciones. Unas sociedades donde el discurso del trabajo entra en cortocircuito con las dificultades para encontrar trabajo, donde la democracia se ve desmentida por los grupos de poder y las mafias, donde la seguridad es vulnerada por la violencia de los que dicen ser responsables de la seguridad, donde la vida sana que promueven los medios oculta la pobreza y la marginación. La lógica de la conectividad es mucho más que la definición en la cual nos referimos a la capacidad de conexión entre ordenadores, nos referimos a la capacitad de interactuar con los múltiples soportes tecnológicos en los que se hace y se deshace la vida contemporánea.

Los jóvenes que atraviesan hoy los universos escolares intuyen entonces que en la brecha digital hay también una brecha cultural y política que habla de su futuro. Un futuro que como observó con agudeza el Indio Solari llegó hace rato.

Enlace a Página 12: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-162440-2011-02-20.html

 

El peligro del leonelismo febrero 16, 2011

Filed under: Artículos periodísticos de los miércoles — rosarioespinal @ 8:27 am

Rosario Espinal

Artículo publicado en el periódico HOY el miércoles 16 de febrero de 2011

La historia dominicana está marcada por la dictadura y el continuismo. Hace sólo 32 años, en 1978, se inauguró una democracia electoral más o menos competitiva, y en estos 32 años, Balaguer gobernó 10, el PRD 12 y Leonel Fernández 10.

En sus 10 años, Balaguer recurrió a viejos métodos para mantenerse en el poder. No tenía que reprimir tanto porque ya no había oposición radical, pero utilizó los fraudes electorales para mantenerse en el poder. Sucumbió en su propio vicio y en 1994 tuvo que firmar la reforma constitucional que lo expulsó del poder en 1996.

El PRD tiene en su aval haber sido el motor de las luchas democráticas en el post-trujillismo, y actor central de la transición de 1978, pero en sus gobiernos ha fracasado en el manejo de la macroeconomía. Además, en vez de darle un giro democrático a la política dominicana, se adhirió al clientelismo y la corrupción, y después de la muerte de José F. Peña Gómez, también al personalismo continuista.

Leonel Fernández salió a la palestra pública cuando Juan Bosch lo escogió como compañero de boleta en 1994, en parte por su talento, pero también porque Bosch no quería junto a él ningún peledeísta que aspiraba abiertamente a acompañarle. Mañas de caudillo.

El deterioro biológico de Bosch y la imposibilidad constitucional de Balaguer para presentarse en 1996, hicieron posible el ascenso de Fernández al poder. Balaguer, también por maña de caudillo, no aupó ningún aspirante de su partido y se postuló nuevamente en el 2000, en el ocaso de su vida.

Muertos Peña, Bosch y Balaguer, y dada la debacle del gobierno de Hipólito Mejía, Leonel Fernández quedó como heredero del boschismo, del balaguerismo, y de un segmento del peñagomismo.

El elemento articulador de todos esos sectores ha sido Leonel Fernández, no el PLD como partido, aunque como resultado, el PLD se convirtiera en una maquinaria electoral.

La gestión de Fernández de 1996-2000 combinó intentos de institucionalización del Estado democrático con prácticas clientelistas y escándalos de corrupción. Pero en las gestiones a partir de 2004 se abandonó el avance en la institucionalidad democrática.

Muchos dirigentes, activistas y miembros del PLD se han acostumbrado a los beneficios del poder, ya sea mediante contratos jugosos, altas posiciones en la administración pública, simples empleos públicos, o pequeños beneficios sociales. La mayoría de ellos piensa que sólo con Leonel Fernández tienen un futuro electoral asegurado, y lo mismo sucede con los reformistas que pasaron al gobierno.

Por su parte, Leonel Fernández ha alimentado esa dependencia. Es el líder y presidente del PLD, pero su Comité Político tiene una composición estática y ha sido casi compacto en el apoyo al Presidente. El Comité Central apenas funciona y todas sus decisiones han sido pospuestas para un futuro Congreso que sólo tiene el nombre.

Sin institucionalizar el Estado ni el partido, el presidente Fernández ha fomentado el leonelismo, y a su favor tiene la historia del caudillismo dominicano.

En esa historia ha primado la sumisión a quien mejor garantice la distribución del pastel público a un grupo de privilegiados de capas medias y altas. Estos beneficiarios siempre se convierten en legitimadores de caudillos, y repartiendo migajas, también consiguen el apoyo de muchos pobres marginados.

La tragedia de esta historia caudillista, y el peligro de hoy, es que cuando se fomenta el personalismo se abandona el camino de la democracia, aunque se preserven simbolismos democráticos.

El poder encanta y envicia, con frecuencia nubla y ciega, y sin frenos lleva al autoritarismo. Este es el peligro del leonelismo.

Enlace al periódico HOY: http://www.hoy.com.do/opiniones/2011/2/15/362539/El-peligro-del-leonelismo

 

A ciegas febrero 13, 2011

Filed under: Visitas analíticas — rosarioespinal @ 1:15 pm

Manuel Vicent, El País, 13 de febrero de 2011

Ningún analista político previó la caída del muro de Berlín ni siquiera un día antes. De niño mi perro Chevalier comenzaba a ladrar a la hora exacta en que yo salía de la escuela y desde muy lejos percibía el sonido de los lápices Alpino que rebotaban dentro de mi estuche cuando volvía corriendo a casa. Muchos años después mi perro Toby intuía sin equivocarse nunca si yo había ganado al póquer esa vez y me recibía de madrugada con gran alegría moviendo el rabo de una forma determinada.

Ningún analista político imaginó con unas horas de antelación que el imperio soviético se disolvería en la nada y Europa sería invadida por un ejército de mendigos del Este y el hombre nuevo, que vaticinó Lenin, sería ese ejemplar de multimillonario ruso adscrito a la mafia. Ningún animal salvaje pereció en el tsunami de Indonesia de 2004. Elefantes, monos, serpientes e incluso las hormigas se pusieron a salvo antes de que ocurriera la catástrofe.

Ningún director del Banco Mundial y del Fondo Monetario sospechó la llegada de esta crisis económica hasta que se les derrumbó el edificio encima. La asonada multitudinaria de Túnez y de El Cairo ha supuesto la misma sorpresa que en su momento causó el atentado de las Torres Gemelas sin que ningún político, intelectual y sociólogo acertara con el futuro siniestro que se avecinaba. Los animales poseen unos sensores para detectar las ondas sísmicas, eléctricas y magnéticas que emiten los cataclismos, un don que está negado a los humanos. Para nosotros queda reservado solo el ridículo de los análisis del pretérito imperfecto, el enorme guirigay de opiniones entre los profetas del pasado.

Nadie sabe ahora lo que va a suceder en el mundo islámico con las réplicas de la ebullición política de Egipto. Solo una cosa está clara. Cuando un pulpo sale de la pecera es casi imposible volverlo a introducir en ella. Los pulpos caminan muy bien fuera del agua. Tampoco la energía parapsicológica que emerge de las pirámides de Gizeh y la enigmática expresión del rostro carcomido de la esfinge servirán para saber si la rebeldía popular de Egipto se extenderá por todo el Magreb, si llegará allí la democracia previo un baño de sangre o si la CIA a medias con el Ejército egipcio logrará devolver el pulpo a la pecera y aquí no ha pasado nada.

Enlace a El País: http://www.elpais.com/articulo/ultima/ciegas/elpepuopi/20110213elpepiult_1/Tes

 

El Berlín 1989 de los árabes febrero 11, 2011

Filed under: Visitas analíticas — rosarioespinal @ 12:56 pm

Javier Valenzuela, El País, 11 de febrero de 2011

Ha sido duro, muy duro, y hermoso, muy hermoso. El pueblo egipcio, liderado por su ciberjuventud democrática, ha dado al mundo una inmensa lección de claridad de ideas, valentía y tenacidad. La inmensa multitud de la plaza de Tahrir, jóvenes y mayores, de clase media y pobres de solemnidad, hombres y mujeres, cristianos y musulmanes, insistía en la salida del autócrata Mubarak antes de contemplar siquiera la posibilidad de una transición a la democracia más o menos negociada entre el régimen y la oposición, y tenía toda la razón del mundo. Nada de lo que se le prometiera tenía el menor viso de credibilidad si seguía en el trono un faraón convertido en momia, un cadáver político testarudamente aferrado al cargo.

Mubarak se acaba de ir . El pueblo le ha ganado el pulso. Anoche Mubarak aún insistía en quedarse, en aguantar hasta septiembre, en liderar en persona la transición. Era un disparate monumental, por mucho que le apoyaran los halcones israelíes, otros déspotas árabes, los elementos más conservadores del establishment norteamericano y la pusilanimidad de los dirigentes europeos. Era un despropósito porque el pueblo de Tahrir no se iba a ir, no iba a abandonar el combate. Al contrario, iba a redoblarlo, aún más decepcionado y frustrado, con el refuerzo, además, de otros cientos de miles de egipcios en este viernes de las plegarias en las mezquitas. En los últimos días su lema venía a ser éste: “Si el rais es testarudo en su empeño en aferrarse al poder, más lo somos nosotros”.

¿Cómo podían contenerse las riadas humanas que hoy han ocupado las calles de las principales ciudades egipcias? Sólo una matanza de proporciones descomunales, una matanza nunca vista en vivo y en directo en la historia de la humanidad, podía intentar contener hoy al movimiento egipcio, y aún así era improbable que consiguiera su objetivo. La salida en falso de anoche de Mubarak no tenía el menor futuro.

A partir del momento en que el Ejército egipcio, la institución más prestigiosa del país y de la que han salido los presidentes Nasser, Sadat y Mubarak, se había negado a disparar contra las masas, afirmando incluso que comprendía y aprobaba sus motivaciones, la revolución democrática egipcia ya estaba en vías de ganar. Ahora acaba de conseguir su primer objetivo directo: la salida del autócrata. Y es momento para el regocijo. De los egipcios, los pueblos árabes y todos los demócratas del planeta.

Tahrir significa en árabe “liberación”. Y para la gente que ha hecho de esa plaza el corazón palpitante de la lucha por la libertad, de lo primero que cabía liberarse era de ese general de rostro pétreo que ha gobernado el valle del Nilo con mano de hierro durante más de treinta años. Ya habrá tiempo para discutir si Omar Suleiman es o no el hombre de la transición; si es, como todo lo indica, el Arias Navarro de Egipto o si puede dar la sorpresa y ser el Adolfo Suárez. Para insistir en la necesidad de un gobierno de concentración en el que los demócratas desempeñen un papel relevante y que aborde las tareas de elaborar una nueva constitución y preparar unas elecciones libres. Para analizar los méritos y las posibilidades de personalidades alternativas como El Baradei o Amr Mussa. Y hasta para especular sobre el destino de los Hermanos Musulmanes.

Acaba de triunfar la primera, y decisiva, fase de una revolución democrática. La humanidad no había vivido nada semejante desde la caída del Muro de Berlín y la disolución del imperio soviético. Y es que esta primavera de los pueblos árabes tiene poco o nada que ver con Teherán 1979. Sólo cabe entroncarla en Berlín 1989. Es la historia en movimiento, es, en plena crisis económica, el regreso al primer plano de la política internacional de la lucha contra las dictaduras y por la democracia y los derechos humanos.

Ya son dos los autócratas árabes caídos, el tunecino Ben Ali y el egipcio Mubarak, en esta revolución democrática árabe que arrambla con tantos estúpidos prejuicios occidentales, como ese que afirma que lo árabe y lo musulmán son intrínsecamente incompatibles con la democracia. Que demuestra que las cautelas gubernamentales en Occidente no son sólo cobardes traiciones a los principios y valores democráticos, sino también fruto de la pereza intelectual, de no haber hecho los deberes, de no haberse enterado de que el gran protagonista del mundo árabe en este siglo XXI no son los islamistas, sino los jóvenes, esos más de 100 millones de jóvenes árabes que desean libertad, dignidad y justicia.

Y ahora, ¿quieren saber cuál es el próximo autócrata árabe que podría ser derrocado como resultado de una revolución popular? La respuesta es fácil: mire donde pasaron sus vacaciones de Navidad los ministros del Gobierno de Sarkozy.

La broma circula estos días en Francia a propósito del bochornoso hecho de la ministra Alliot-Marie pasara, gratis total, sus vacaciones en el Túnez de Ben Alí y el primer ministro Fillon, con la misma agencia de viajes, en el Egipto de Mubarak.

Y es que esto no ha terminado. El próximo día 12 hay convocada una jornada de protesta en Argelia, el 17 en Libia y el 20 en Marruecos.

Enlace a El País: http://www.elpais.com/articulo/internacional/Berlin/1989/arabes/elpepuopi/20110211elpepuint_17/Tes

 

Gobierno, partidos: no golpeen las más chiquitas febrero 9, 2011

Filed under: Artículos periodísticos de los miércoles — rosarioespinal @ 7:55 am

Rosario Espinal

 Artículo publicado en el periódico HOY el miércoles 9 de febrero de 2011

Con cierta frecuencia se escuchan voces de funcionarios y dirigentes partidarios deshonrando a las organizaciones de la sociedad civil dominicana. Dicen que esas organizaciones no representan a nadie y que se nutren con fondos de organismos internacionales. Vergüenza debería dar a los políticos que así se expresan. Veamos.

Primero, las organizaciones de la sociedad civil siempre serán pequeñas con relación a los partidos. Su objetivo es representar intereses diversos que se aglutinan en un sinnúmero de organizaciones sociales, ya sea en torno a identidades personales, laborales, territoriales o temáticas. Por eso hay muchas organizaciones religiosas, muchas organizaciones de mujeres, muchas organizaciones de jóvenes, muchas organizaciones sindicales y campesinas, muchas organizaciones profesionales y empresariales, muchas organizaciones de padres de la escuela, muchas juntas de vecinos, etc.

Estas organizaciones hacen política en mayor o menor medida en tanto promueven los intereses de los sectores que representan, pero su propósito no es llegar al poder para dirigir el Estado. Los partidos, por el contrario, existen para alcanzar el control del Estado y compiten con tal propósito. Por eso tienen que expandir su membresía para captar votantes, no así las organizaciones de la sociedad civil.

Segundo, con excepción del empresariado que cuenta con recursos para financiar bien sus asociaciones, la mayoría de las organizaciones de la sociedad civil tienen escaso financiamiento, y en la sociedad dominicana no hay fuerte tradición de financiar organizaciones sociales con fondos locales. Por eso muchas organizaciones de la sociedad civil tienen que recurrir al financiamiento de organismos internacionales.

Los partidos políticos, por el contrario, tienen abundancia de dinero y las fuentes son diversas. Se benefician del financiamiento público que establece la Ley Electoral 275-97, con un acápite para los partidos de 0.50% del presupuesto anual del gobierno en años electorales y 0.25% en años no electorales. Esa misma Ley establece que los partidos pueden obtener donaciones privadas sin establecer límites en los montos. Además, los partidos se benefician del presupuesto público en todas las instancias del Estado mediante el clientelismo y la corrupción cuando están en el poder.

Esto significa que los partidos políticos son las entidades mejor subsidiadas de la sociedad dominicana, lo que les facilita ganar adeptos y aplastar a muchas organizaciones de la sociedad civil, sobre todo a las que cuestionan las gestiones gubernamentales.

Por el contrario, el subsidio que el gobierno otorga a algunas organizaciones de la sociedad civil tiende a ser pequeño para las labores que realizan, y a veces el gobierno se retrasa en la entrega de recursos, o no entrega todas las partidas prometidas. Por ejemplo, al finalizar el año 2010, algunas organizaciones de la sociedad civil no recibieron el subsidio completo porque el gobierno supuestamente no tenía dinero.

Para comprender la magnitud del problema hay que tener presente que muchas organizaciones de la sociedad civil realizan el trabajo social con sectores vulnerables de la población dominicana que el Estado abandona a su suerte: niños desamparados, personas discapacitadas, o mujeres pobres. Además, estas organizaciones asumen causas sociales loables que los partidos y el gobierno abandonan o manipulan, como el caso de la lucha por el 4%.

En República Dominicana, es claro, hay un desbalance entre el acceso a los recursos económicos que tienen los partidos políticos y las organizaciones de la sociedad civil, a pesar de las  múltiples actividades necesarias que realizan estas organizaciones sociales.

Ojo: la democracia se nutre de un sistema de partidos fuerte, pero también de una sociedad civil fuerte y con autonomía del Estado y los partidos.

Gobierno, partidos: no golpeen las más chiquitas.

 

 
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