ROSARIO ESPINAL

VENTANAS EN EL ESPACIO

La Marcha Verde no desestabiliza julio 26, 2017

Filed under: Artículos periodísticos de los miércoles — rosarioespinal @ 5:29 pm

Rosario Espinal

Artículo publicado el miércoles 26 de julio de 2017 en el peridico HOY 

Si la Marcha Verde desestabiliza o no, ha generado un avispero en los últimos días. Es el cuco que utiliza el Gobierno para amedrentar a la gente, repica una campana. Es la fuerza indetenible que cambiará el curso de la política dominicana, repica otra.

¿Qué es desestabilizar un sistema político? Veamos las principales situaciones.

Desestabilizar un sistema político puede devenir de una insurrección armada en ascenso en contra de un Gobierno (una guerra civil o revolución). Eso no hará la Marcha Verde.

Desestabilizar puede devenir de grandes protestas sociales que culminan en un golpe de estado, ya sea porque los sectores de poder se aterran y los militares copan, o porque surge un militar mesiánico que promete atender el pueblo. Eso no hará la Marcha Verde.

Desestabilizar puede ser el resultado de protestas que afectan severamente las actividades económicas de un país mediante interrupciones en la producción y distribución de bienes. Eso no hará la Marcha Verde.

Desestabilizar puede significar que las protestas son tan inmensas, intensas e integradoras de distintos segmentos sociales que acorralan prácticamente al Gobierno y colapsa. Eso no hará la Marcha Verde, por lo menos en su versión actual.

Que la Marcha Verde no desestabilice no quiere decir, sin embargo, que el PLD esté cómodo con la Marcha. ¡No! Le molesta, le hace ruido.

El PLD ha gobernado por muchos años casi sin oposición. Sentir ahora una cierta presión le incomoda. Sentirse enjuiciado rompe su mito de que el país se divide entre corruptos y peledeístas. Ahora está requeté confirmado que la corrupción también está entre los peledeístas.

Los gobiernos siempre desean la mayor holgura (léase, la menor protesta), y por eso, reaccionan muchas veces de manera desmedida ante el cuestionamiento. Decir, por ejemplo, que la Marcha desestabiliza es una reacción desmedida.

La Marcha Verde cuestiona, señala, devela, y hasta acusa. Es un ejercicio discursivo, y por otro, una acción colectiva (las marchas, piquetes, asambleas, etc.).

La Marcha eleva el tema de la corrupción y la impunidad al debate nacional. La ciudadanía siempre ha sabido que hay mucha corrupción; eso está documentado en todas las encuestas de cultura política que se han realizado en este país en los últimos 20 años. Pero el tema no era central en el debate político. Odebrecht (el escándalo que vino de fuera), y luego la Marcha Verde, lo llevaron a ser conversación cotidiana, indignación constante.

Si la Marcha Verde agudiza el desencanto de la ciudadanía con el gobierno del PLD, eso no es desestabilización, es cambio de sintonía política.

Si la Marcha Verde produce un cambio en las preferencias electorales en el 2020, eso no es desestabilización; se llama realineamiento electoral.

Si la Marcha Verde ofrece a muchos jóvenes la oportunidad de participar en un movimiento social, eso no es desestabilización, es educación política en vivo.

Si la Marcha Verde logra que se reduzca la corrupción y la impunidad sería una inmensa conquista del pueblo dominicano.

Si la Marcha denuncia y camina, nadie tiene que alarmarse ni molestarse. La protesta es un canal de expresión de descontento y una forma de buscar reivindicaciones legítimas. No desestabiliza, reivindica.

Ahora bien, para obtener resultados concretos en su lucha en contra de la corrupción y la impunidad, la Marcha Verde tendrá que enfilar muy bien sus cañones y aumentar su capacidad de presión, porque, el Estado siempre desarrolla anticuerpos frente a las protestas. Y en el caso dominicano, el Estado ha mostrado históricamente una inmensa capacidad de resistir las protestas.

Enlace al periódico HOY: http://hoy.com.do/la-marcha-verde-no-desestabiliza/

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Marcha Verde: grano a grano se llena la gallina el buche julio 19, 2017

Filed under: Artículos periodísticos de los miércoles — rosarioespinal @ 11:13 am

Rosario Espinal

Artículo publicado el miércoles 19 de julio de 2017 en el periódico HOY 

La Marcha Verde ha sido el factor nacional decisivo para obligar el Gobierno a instrumentar casos contra los identificados por los ejecutivos de Odebrecht como sobornador y sobornados en el caso dominicano. Sin la Marcha Verde, que se estrenó con una gran manifestación el pasado 22 de enero, es muy probable que el Ministerio Público se hubiese “hecho el loco”, como casi siempre sucede en este país de corrupción sistémica y endémica.

La Marcha Verde ha logrado canalizar el repudio que subyace en un segmento importante de la sociedad dominicana contra el robo público (la corrupción), ahora en manos del PLD, con 13 años consecutivos usufructuando. Además, ante las precariedades de la oposición partidaria, muchos han encontrado en la Marcha Verde la posibilidad de expresar su rechazo al Gobierno peledeísta. La Marcha es hoy el espacio primordial de la política opositora.

Todo movimiento social tiene un inmenso reto: mantenerse fiel a sus propósitos. Parece simple, pero no. Es difícil porque en torno a los movimientos sociales (y en especial los que muestran éxito de convocatoria), se generan otros intereses políticos. Además, en la euforia del éxito, se pierde la perspectiva de que el apoyo social a un objetivo no produce necesariamente otros apoyos. He ahí, por ejemplo, la fallida carta de renuncia de hace varias semanas.

En el caso Odebrecht se han iniciado sometimientos, y ya sea porque al Gobierno no le interese instrumentar bien esos procesos judiciales, o porque los encartados ya iniciaron su campaña en los medios de comunicación de que no son culpables (o ambas cosas), hay una alta probabilidad de que al final no haya sanciones importantes para nadie.

Por eso, si el combate a la corrupción es el norte de la Marcha Verde, las demandas y manifiestos deben enfocarse en avanzar el proceso iniciado. Puede parecer poco, pero como dice el refrán, grano a grano se llena la gallina el buche.

Pedir el sometimiento de dos expresidentes y el actual, aunque parezca audaz, desvía la atención del objetivo inmediato. No porque esos presidentes no sean responsables de la corrupción, ¡lo son! Sino porque investigar y someter a Danilo Medina, Leonel Fernández e Hipólito Mejía sólo sería posible en un contexto de colapso del sistema político, que amplios sectores de la sociedad dominicana rechazarían.

El deterioro económico no ha llegado al punto en que la mayoría piense que es mejor echarlo todo por la borda. Cuando eso llegue, si llega, entonces estaríamos en una nueva ecuación política. Por ahora, la mayoría de la sociedad dominicana busca enmendar, no colapsar.

Los organizadores de la Marcha Verde mostraron el pasado domingo 16 de julio, una gran capacidad de convocatoria, mucha gente asistió a la marcha; pero no una visión oportuna del momento político y las posibilidades reales de cambio. En el manifiesto hizo falta una lista corta y precisa de demandas concretas. El éxito de un movimiento social se mide finalmente por las conquistas específicas que pueda mostrar.

La oposición partidaria quisiera cobijarse en la Marcha Verde para avanzar políticamente, y se presenta a las marchas. ¡Pero ojo! los intereses de la Marcha Verde son distintos, deben consistir en obligar el Estado a ser transparente en la gestión pública y someter a la justicia a los que se desvíen de esos propósitos. Ese no ha sido el norte del Estado Dominicano, y todos los partidos que han pasado por el poder, grandes y pequeños (y casi todos han pasado), están contaminados de corrupción.

Enlace al periódico HOY: http://hoy.com.do/marcha-verde-grano-a-grano-se-llena-la-gallina-el-buche/

 

Mujeres por impunidad, el desvarío con el Código Penal julio 12, 2017

Filed under: Artículos periodísticos de los miércoles — rosarioespinal @ 9:50 am

Rosario Espinal

Artículo publicado el miércoles 12 de julio de 2017 en el periódico HOY 

En el Congreso Dominicano hay un desparpajo con el Código Penal. Tiene cerca de dos décadas en un vaivén. ¿Por qué? Porque las iglesias católica y evangélica tienen montado un chantaje desde hace mucho tiempo para que no aprueben tres causas en las cuales se permitiría un aborto: 1) cuando peligra la vida de la madre, 2) cuando el embarazo es producto de una violación o incesto, y 3) cuando el feto presenta malformaciones incompatibles con la vida.

El presidente Danilo Medina observó por segunda vez el Código Penal a fines del año pasado, pero el Senado peledeísta, en medio del escándalo Odebrecht, se despachó con un voto mayoritario, rechazando las tres causales señaladas.

Otra vez un órgano fundamental del Estado intentó confabularse con las iglesias para negar derechos a las mujeres. Otra vez las iglesias intentaron chantajear al Gobierno. Otra vez los políticos participan del chantaje para su propio beneficio: que los dejen vivir en paz con impunidad. ¡Es ancestral!

Por suerte ayer, un grupo de diputados y diputadas de distintos partidos, en una conducción ejemplar del debate por Lucía Medina, detuvieron el despropósito de prohibir todo tipo de aborto. No se lograron los derechos que merecen las mujeres a decidir si interrumpen o no un embarazo en las tres causales porque el Senado lo impidió, pero por lo menos no se aprobó la prohibición total del aborto.

Desde la Edad Media, las sociedades que han intentado acercarse a la modernidad y alcanzar algún tipo de democracia protectora de derechos, han tenido que enfrentar las religiones. Son siglos en esta lucha.

¿Por qué? Se supone que las religiones existen para hacer el bien. Porque su norte no es la libertad sino el dogma, y los dogmas son rígidos; atan, no liberan.

El cristianismo y el judaísmo, al emigrar a Europa, tuvieron que hacer adaptaciones en las emergentes democracias, dejar que los parlamentos otorgaran derechos, presionados como estaban por los pueblos. Estados Unidos tuvo que declararse acogedor de todas las religiones para poder desarrollar un Estado moderno.

Pero hay países como la República Dominicana donde todavía las iglesias quieren ser batuta y constitución. Claro, los casos más aterradores de autoritarismo religioso están hoy en el mundo musulmán, donde el Corán (según la interpretación de cada gobierno), sí es batuta y constitución.

Los seres humanos han vivido a expensas de las religiones por razones entendibles. Las religiones tienen el monopolio de lo imposible. Prometen la salvación en el más allá y el consuelo en el más acá. Es un producto potente.

Todos queremos confort, redención, creer que hay otra vida porque nos cuesta creer que somos finitos, que morimos. Hemos creado la eternidad como consolación. ¡Y qué bueno!

Si las religiones se mantuvieran en ese plano, harían una inmensa contribución al calmar las angustias humanas. Pero esa noble misión se desvirtúa porque quieren regular toda la sociedad y las decisiones de los gobiernos. Por eso han estado envueltas en tantas guerras.

Los políticos dominicanos, si realmente creyeran en el Dios justo, podrían gobernar mejor; promover la justicia y la igualdad. ¡Pero no! Muchos entran pobres al gobierno y salen ricos. Nada más claro que los legisladores. Como hacen las leyes, se asignaron, cada uno, la exoneración de un vehículo cada dos años. No traen carros regulares, traen vehículos lujosos.

¿Qué es eso? Robo público, aunque sea legal. ¿Ha visto usted a curas y pastores movilizarse afanosamente contra ese robo? ¡No! Muchos también reciben exoneraciones. ¡Ya quisiera mucha gente!

Enlace al periódico HOY: http://hoy.com.do/mujeres-por-impunidad-el-desvario-con-el-codigo-penal/

 

Pederastia y homofobia en la Iglesia Católica julio 5, 2017

Filed under: Artículos periodísticos de los miércoles — rosarioespinal @ 10:13 am

Rosario Espinal

Articulo publicado el miércoles 5 de julio de 2017 en el periódico HOY

En el pasado, cuando las restricciones para vivir la homosexualidad con normalidad eran inmensas, ingresar a una orden religiosa con practica del celibato, constituía un mecanismo de protección personal. La divinidad del oficio removía sospechas y daba inmenso poder y estatus social.

En la medida que aumentaron los escándalos de sacerdotes pederastas, se hizo evidente que la sexualidad reprimida y externada de manera aberrante con menores, ha sido un grave problema en la Iglesia Católica.

Ante los primeros escándalos en Estados Unidos, se quiso atribuir el asunto a una aberración de la sociedad norteamericana. Pero la secuencia de escándalos en Irlanda, Holanda, Alemania, ahora Australia, y otros países mostraron que el problema no era de una sociedad específica, sino que estaba en la misma Iglesia.

Esto obligó eventualmente a la jerarquía eclesial a no buscar más chivos expiatorios, y a reconocer que no podía seguir siendo refugio de delincuentes sexuales que evaden la ley al amparo de una institución cuya misión debe ser el bien. El problema, además, ha costado muchos millones de dólares en indemnizaciones.

El Vaticano tiene derecho a mantener el celibato si lo desea. Lo que no puede es albergar sacerdotes sin la madurez personal y sexual necesaria para el trabajo pastoral, ni encubrir criminales mediante su rotación en parroquias, aumentando así el número de víctimas como sucedió por mucho tiempo.

La Iglesia Católica, ni ninguna otra, debe tampoco dedicarse a promover la homofobia, negando a las personas homosexuales el derecho a vivir dignamente según su condición humana.

Si en las décadas de 1940, 1950 o 1960, los homosexuales hubiesen sido aceptados en las sociedades, y hubiesen podido vivir dignamente de acuerdo a su orientación sexual, muchos no hubiesen ingresado a una congregación religiosa para encubrir su homosexualidad y lograr aprecio y poder social.

La homofobia en la Iglesia Católica ha convivido en sus entrañas con horrendos actos de pederastia por parte de algunos sacerdotes, y con el ocultamiento del crimen por sus superiores para salvar el pellejo institucional.

En vez de arrogancia o victimización, la jerarquía católica debió expresar desde el inicio mayor dosis de modestia y transparencia.

El problema de la pederastia no emana de que haya una conspiración contra la Iglesia Católica en el mundo como se quiso decir, sino de la magnitud de los crímenes cometidos por algunos religiosos que optaron por ejercer poder sexual sobre menores, y fueron encubiertos en sus actividades delictivas.

En la República Dominicana se dieron dos sonados casos recientes de abusos y encubrimientos: el del ex Nuncio Wesolowski y del llamado padre Gil en Juncalito. Ambos salieron huyendo del país con la complicidad de superiores justo antes de que explotara la noticia.

Gil enfrentó la justicia en Polonia (no aquí, donde debió hacerlo), y Wesolowski murió en arresto domiciliario en el Vaticano sin enfrentar mayor castigo, pues ni siquiera asistió a la audiencia alegando problemas de salud.

Mientras todo eso ocurrió, los menores dominicanos abusados por esos dos sacerdotes, quedaron en esta isla tropical sufriendo no solo su pobreza, sino también el abuso sexual.

Como ocurre con frecuencia, a menos que haya una indemnización monetaria que compense en algo los males físicos y emocionales, los abusados tienen un solo destino:  sufrir en soledad el abuso.

A diferencia de otros países con mayor tradición en la defensa de derechos humanos, en República Dominicana es difícil encontrar prominentes abogados que defiendan víctimas pobres ante los poderosos. Esto es parte de la impunidad perenne que profundiza las injusticias y las desigualdades en esta tierra.

Enlace al periódico HOY: http://hoy.com.do/pederastia-y-homofobia-en-la-iglesia-catolica/

 

 
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