ROSARIO ESPINAL

VENTANAS EN EL ESPACIO

La vida de las mujeres, señores legisladores junio 26, 2013

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Artículo publicado el miércoles 26 de junio de 2013 en el periódico HOY y en los portales de Acento y Noticias SIN

Las mujeres representan la mitad de la población, pero fueron históricamente excluidas del acceso a la educación, al mercado laboral, al ingreso personal, y a la participación activa en la vida pública.

Como resultado, las mujeres se constituyeron en objetos, cuyo habitad era el doméstico, subordinadas a los dictados de los hombres y a los dogmas que históricamente han sustentado el sistema de dominación patriarcal, tanto en el mundo secular como religioso.

Todas las restricciones educativas, económicas y políticas vinieron acompañadas de otras formas de dominación, siendo una fundamental la obligatoriedad de mantener un embarazo aún en condiciones adversas a la vida de las mujeres.

En los últimos 50 años, uno de los principales cambios que registra la historia de la humanidad es la mayor presencia de las mujeres en los espacios públicos como escuelas, universidades, empresas y el gobierno, a pesar de las resistencias masculinas. Esto ha conllevado cambios importantes a favor de los derechos de las mujeres a una vida digna.

En ese contexto, muchos países democráticos comenzaron desde la década de 1970 a cambiar sus leyes para permitir la interrupción del embarazo en condiciones adversas a la vida de las mujeres.

Las leyes varían en sus niveles de apertura o restricción, pero en general, casi todos los países del mundo democrático contemplan en sus legislaciones la aprobación del aborto en determinadas circunstancias, particularmente, cuando peligra la salud de la madre, o cuando el embarazo es producto de un acto criminal como la violación sexual o el incesto.

De espaldas a esta corriente internacional de derechos humanos de las mujeres, el Congreso Dominicano aprobó una nueva Constitución, promulgada en enero de 2010, que sentó las bases para una prohibición total del aborto, al establecer que la vida comienza en el momento de la concepción.

Ese mismo Congreso se aboca ahora a aprobar un nuevo Código Penal que prohíbe terminantemente todo tipo de aborto y lo sanciona.

Para quienes no están familiarizados con este tema, me permito resumir a continuación dos artículos sobre el aborto en la propuesta de nuevo Código Penal en discusión en el Congreso.

Artículo 89.- El hecho de causar o cooperar con la interrupción del embarazo de una mujer, por medio de alimentos, brebajes, medicamentos, sondeos, tratamientos o de otro modo, aun cuando ésta lo consienta, se sanciona con la pena de dos a tres años de prisión menor. La misma pena se impondrá a la mujer que se provoque un aborto, o que consienta en hacer uso de sustancias que con ese objeto se le indiquen o administren o en someterse a los medios abortivos antes indicados, siempre que el aborto se haya efectuado. Cuando cualquiera de los hechos indicados en este artículo cause al feto una lesión o enfermedad que perjudique de forma grave su normal desarrollo, u origine en el mismo una severa tara física o síquica, se sanciona al autor con las penas de dos a tres años de prisión mayor.

Artículo 90.- Los médicos, enfermeras, farmacéuticos y otros profesionales de la medicina, así como las parteras, que, abusando de su profesión u oficio, causen o ayuden a causar el aborto, serán sancionados con la pena de cuatro a diez años de prisión mayor, sin perjuicio de lo establecido en el numeral 3) del artículo 42 de la Constitución.

Señores legisladores, modifiquen esos artículos, permitan el aborto cuando peligra la salud de la madre y en caso de violación o incesto como hacen casi todos los países democráticos del mundo. La mayoría de la población dominicana lo apoya. Sean sensatos y demócratas.

Enlace al periódico HOY: http://www.hoy.com.do/opiniones/2013/6/25/486972/La-vida-de-las-mujeres-senores-legisladores

 

20 millones, y más junio 21, 2013

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Artículo publicado el miércoles 19 de junio de 2013 en el periódico HOY y en los portales de Acento y Noticias SIN 

No es el premio mayor de la lotería nacional ni de otra de las tantas apuesta que se realizan en miles de bancas instaladas por toda la geografía para promover la vagancia nacional. 20 millones es aproximadamente la población conjunta de República Dominicana y Haití, dos pequeños países que ocupan una isla de sólo unos 75 mil kilómetros cuadrados, la mitad desforestada y súper-poblada.

De un lado no se vislumbra desarrollo por más ilusiones que se abriguen. Pugnas entre grupos y jefecitos, dictaduras, ocupaciones extranjeras, extenso analfabetismo y pobreza han impedido el despegue de Haití para trillar mejor sendero. Si hay buen arte, lo borró la pobreza; si hay orgullo nacional, lo borró el éxodo; y la propia naturaleza se encargó de remover hasta las raíces con un terremoto que echó abajo mucho de lo que se sostenía. El veredicto de sus propios pobladores es claro, la mayoría quiere irse.

En el Informe de Desarrollo Humano 2012, Haití ocupó el lugar 161 entre 186 países del mundo, y el último lugar entre los países de América Latina y el Caribe; y en la clasificación de desarrollo, Haití es el único país de la región que se coloca en el nivel bajo. Su índice de desarrollo humano en una escala de 0 a 1, medido en términos de expectativa de vida, escolaridad, e ingreso per cápita es 0.456; y el índice de desarrollo humano ajustado por desigualdad es 0.273. Esto significa que en Haití hay bajo nivel de desarrollo humano en general, pero además, muy pocos acceden al bienestar por la desigualdad.

Del otro lado de la isla domina la apariencia de progreso, que es real cuando se compara con el vecino país. La infraestructura vial, los cascos urbanos de confort y los gobiernos estables, adornan la idea de prosperidad dominicana. El país ocupa la posición 96 en desarrollo humano en la categoría media, pero 12 países de los 20 de América Latina, ocupan mejor posición. El índice de desarrollo humano es 0.702, pero cuando se ajusta por desigualdad sólo alcanza 0.51. Mejor que Haití, pero no halagüeño porque el crecimiento económico de medio siglo no ha reducido significativamente la desigualdad.

Muchos dominicanos marcharon al exterior porque los salarios locales no alcanzan para escalar las capas medias. Trabajan en fábricas, servicios básicos, pequeños negocios, prostitución, y unos pocos ocupan mejor posición. Por allá concretizan parcialmente sus sueños y se empeñan en enviar remesas a sus familiares.

Cuando sumamos los dominicanos y haitianos que emigraron a terceros países, la prole de estas dos naciones sobrepasa los 20 millones.

Si República Dominicana y Haití fueran sociedades prósperas, con buenos gobiernos, con una clase empresarial sólida y emprendedora, y creadora de empleos con buenos salarios, los 20 millones no constituirían un gran desafío; pero no es así. En Haití no se vislumbra asidero económico ni político, y en República Dominicana, a pesar del crecimiento y la estabilidad, hay muchas carencias y desafíos.

La clase política dominicana es irreverentemente corrupta, y esto marca la sociedad, no a la inversa. La élite económica es partícipe de los beneficios ilícitos y aprueba la corrupción que imposibilita la racionalidad pública. El pueblo imita o se irrita. El clientelismo acompaña la corrupción y la hace potable a un amplio segmento de la sociedad. La criminalidad es efecto de la corrupción, la pobreza y la desigualdad.

20 millones de habitantes es mucha gente para esta pequeña isla, pobre y desforestada. Tanto incremento poblacional obstaculizará siempre el bienestar. Tanta migración haitiana indocumentada a República Dominicana es una gran irresponsabilidad gubernamental de repercusión social.

Enlace al periódico HOY: http://www.hoy.com.do/opiniones/2013/6/18/485879/Veinte-millones-y-mas

 

Sencillamente aberrante junio 12, 2013

Filed under: Artículos periodísticos de los miércoles — rosarioespinal @ 8:55 am

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Artículo publicado el miércoles 12 de junio de 2013 en el periódico HOY y en los portales de Acento y Noticias SIN

De vez en cuando es saludable la nostalgia, y junio, a pesar de su sol radiante, es un mes de nostalgia política. Llegaron llenos de patriotismo, enamorados de un puro ideal. Lo hicieron en 1959 y también en años subsiguientes hasta que las botas militares terminaron con ellos en montañas y cárceles. Las dictaduras son horrendas, y por eso unifican las buenas intenciones de visionarios en gestas patrióticas.

La República Dominicana de fines de la década de 1950 era un lugar espeluznante. Un tirano se había apoderado de todo lo que deseó: fincas y villas, industrias y comercios, y mujeres finiquitadas en honor y sexo.

Dicen los defensores del dictador que hoy es peor que antes porque reina el desorden. Pero no. El orden trujillista es indeseable, aun se compare con la corrupción presente, el enriquecimiento de dirigentes políticos que hace apenas unos años eran desarropados, o con la prostitución que el país produce como un bien de exportación. La dictadura es peor porque socava la dignidad humana en sus más hondas entrañas, porque ni el leve suspiro es posible.

La simbología discursiva de Tru­jillo giró en torno a las nociones de trabajo, orden, paz y progreso, pero estos conceptos tenían un significado falso en su concepción autoritaria del poder.

El dictador se apoderó del sentido nacionalista que se había gestado en casi un siglo de post-independencia pero no se había constituido como unicidad de poder ni comunidad de destino. Lo hizo interpelan­do a la nación como manada a ser disciplinada y excluyendo al pueblo de la participación política. En el discurso trujillista el espacio político de la sociedad era el trabajo, y le correspondía al Estado (entiéndase Tru­jillo) dirigir y enseñar la sociedad a ser productiva. Trujillo interpeló a la nación en sus valores fundamentales en torno a la fami­lia, la escuela, la condición de la mujer, pero para él todas las instancias de lo personal y lo público tenían la función de lograr la disciplina autoritaria y la adherencia al régimen.

Estableció una relación vertical con la sociedad dominicana, en la que el “padre instructor” enseñaba el pueblo a en­contrar el progreso, y el “padre disciplinario” castigaba las acciones que desviaban de esa meta. En palabras de Octavio Paz, la figura del Padre se bifurcaba en la dualidad de patriarca y macho; por un lado, el patriarca que protege, es poderoso y sabio; y por otro, el macho terrible y fuerte.

Se propuso construir una nación silente, cuyos derechos eran una abstracción al no existir en las vivencias políticas del pueblo. Por eso el régimen necesitaba no sólo de discurso, sino también de una fuerza que invocara la regulación social. Fue enérgico en su propósito de aplastar todo movimiento opositor como el de Constanza, Maimón y Estero Hondo.

Así cayeron los valientes de 1959, los rebeldes del Movimiento 14 de junio, y todos los demás que luego desaparecieron en los largos años de dictablanda de Joaquín Balaguer.

No sé cuántos jóvenes de hoy conocen la letra y música del himno del 14 de junio, tampoco sé cuántos conocen esa historia, pero mantener reivindicada la figura de Joaquín Balaguer es uno de los peores servicios que el PRD y el PLD han hecho a la sociedad dominicana.

A Trujillo lo mataron y sus estatuas y símbolos fueron derrumbados a piedras y palos, pero el balaguerismo quedó intacto, sobrevivió políticamente, y se encuentra enquistado en el poder. En la Línea 1 del Metro de Santo Domingo conviven Mamá Tingó, las Hermanas Mirabal, Balaguer, Amín Abel, Francisco Caamaño y los Héroes. Sencillamente aberrante.

Enlace al periódico HOY: http://www.hoy.com.do/opiniones/2013/6/11/484696/Sencillamente-aberrante

 

Corrupción: ¿quién le pone el cascabel al gato? junio 5, 2013

Filed under: Artículos periodísticos de los miércoles — rosarioespinal @ 7:44 am

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 Artículo publicado el miércoles 5 de junio de 2013 en el periódico HOY y en los portales de Acento y Noticias SIN

En las últimas dos décadas, diversas encuestas ha mostrado que un alto porcentaje de la población dominicana considera que la corrupción en un grave problema en el país. Sin embargo, durante este tiempo, pocos políticos han sido juzgados, y mucho menos encarcelados. ¿Cómo explicar esta situación? Se me ocurren dos hipótesis.

Primera, no hay tal corrupción. Un amplio segmento de la población dominicana tiene una percepción distorsionada de la realidad producto de una desconfianza injustificada en los políticos y una campaña mediática que los presenta como corruptos. Segunda, hay mucha corrupción aparejada con impunidad, razón por la cual los políticos salen casi siempre ilesos de sus fechorías.

Probar actos de corrupción cuando no hay intención de sancionarla es muy difícil. Las querellas se abortan antes de que se ejecute o termine una investigación, o las acusaciones derivan en un dime y te diré político, donde acusados y acusadores se deslegitiman mutuamente.

Ante esta situación, la percepción de alta corrupción persiste en la población y el foco de acusación se concentra temporalmente en los políticos que salen del poder, hasta que pasa el tiempo y la furia de la gente se diluye. Victimarios se convierten en víctimas y corruptos en santos.

Siempre hay un borrón y cuenta nueva. El PRD se lo otorgó a los reformistas en 1978. Balaguer la cargó contra Salvador Jorge Blanco porque llegó al poder con precariedad electoral y necesitaba un blanco de ataque. Hipólito Mejía absolvió a Leonel Fernández y luego Fernández a Mejía. Por último, Danilo Medina absolvió a Fernández con un llamado a no tirar piedras hacia atrás. Los jóvenes llenaron el vacío con los juicios populares como simbolismo de insurrección, y el caso fue ahora archivado en la fiscalía con tecnicismos jurídicos.

Cada grupo político que llega al poder recibe un borrón y cuenta nueva por una sencilla y lamentable razón: que los políticos puedan seguir distribuyendo el pastel estatal sin grandes presiones. Esta lógica política ha acostumbrado un segmento importante de la población dominicana a aceptar la corrupción como un mal inevitable y ser parte de ella.

En relaciones de poder tan desiguales como las que se dan entre gobernantes y gobernados, es muy difícil para la ciudadanía preparar expedientes contra los políticos. Por eso, impulsar el adecentamiento del Estado requiere que los poderes públicos aumenten su compromiso con la ética y la transparencia. Sin eso es imposible luchar contra la corrupción porque el gobierno y toda la clase política tienen más poder que cualquier otra fuerza social, excepto en los casos esporádicos de la historia de amplia insurrección.

La lucha contra la corrupción es eminentemente política, no puede ser de otra forma, y requiere de una fuerza política con apoyo en la sociedad que la enfrente. La lucha contra la corrupción necesita también funcionarios que se inmolen por esa causa. Pero estos procesos ocurren cuando en la sociedad hay suficiente demanda para que el Estado sirva a la ciudadanía, no a la clientela; cuando la eficiencia y la transparencia son más rentables que el soborno; cuando mucha gente tiene la posibilidad de ascender económica y socialmente sin pasar por el gobierno.

Países como República Dominicana con mucha pequeña burguesía y poca burguesía, difícilmente transitan hacia estadios de desarrollo con menos corrupción. No basta con que la gente diga que hay corrupción si no hay fuerza política con capacidad de impulsar la lucha anti-corrupción. No la hay en los partidos, no la hay en el Estado, ni en la sociedad. Entonces, ¿quién le pone el cascabel al gato?

Enlace al periódico HOY: http://www.hoy.com.do/opiniones/2013/6/4/483603/Corrupcion-quien-le-pone-el-cascabel-al-gato

 

 
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