ROSARIO ESPINAL

VENTANAS EN EL ESPACIO

El jacho, la antorcha y la reelección junio 25, 2014

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Artículo publicado el miércoles 25 de junio de 2014 en el periódico HOY 

El jacho se apagó y la antorcha se atascó. Así podría resumirse el estado político de los dos principales partidos del país. Predomina la obsesión con el poder.

El jacho perredeísta alentó las luchas democráticas antibalagueristas, se forjó como la esperanza nacional, el partido del pueblo y la libertad. Pero en sus períodos de gobierno la llama flameante se apagó. Ese partido ya no ilumina. No hay ideas ni programas, ni esperanzas ni organización, tampoco unidad política. El PRD es un verdadero caos, una compra y venta, una masa electoral sin cauce. Se imponen la ineficiencia y la ineficacia.

En el fracaso político del PRD radica en gran medida la explicación de las deficiencias del proceso democrático dominicano. Su liderazgo nunca pudo llevar a concreción la mejoría social de las masas populares que dijo representar, ni tampoco la institucionalización racional del Estado. Siempre se impuso la lucha rapaz de personajes políticos que han buscado utilizar la masa votante perredeísta para llegar al poder.

El PLD, en vez de encarnar los ideales de ética y transformación social de su fundador, se adhirió al modelo conservador. Heredó la estructura gubernamental, la élite y la masa electoral balaguerista. Así se hizo partido gobernante y partido mayoritario. Como todo proyecto conservador dominicano, se debate en cómo ser caudillista en un contexto político no dictatorial. De ahí la metáfora de la antorcha.

En un partido democrático inspirado en forjar la democratización de una sociedad, existen mecanismos para contener las aspiraciones personalistas de los políticos. Por eso hay limitación de períodos, o simplemente, cuando se agota un tiempo en el gobierno, los presidentes abandonan el ejercicio de la política presidencial. No así en República Dominicana.

Todas las modificaciones constitucionales de los últimos 50 años han estado enfocadas en cambiar el sistema de reelección. Tomemos como referentes las  últimas dos modificaciones que se produjeron en 2002 y 2010.

En el año 2002, Hipólito Mejía promovió una reforma constitucional para permitir la repostulación inmediata por un período y presentarse nuevamente en las elecciones de 2004. Fracasó en el intento.

En el año 2010, Leonel Fernández promovió una reforma constitucional para eliminar el nunca jamás después de dos repostulaciones consecutivas y así poder presentarse nuevamente en el futuro. En esos afanes anda.

Ningún sistema de reelección es perfecto, pero modificar la constitución con frecuencia para acomodar el deseo de los presidentes de turno es una aberración constitucional, y demuestra un apego espurio a la institucionalidad democrática.

En el PRD, con posibilidades limitadas de ganar las elecciones de 2016 por su profunda división, la repostulación sigue siendo un tema central; y en el PLD aún más, donde se debate si la antorcha pertenece a Leonel Fernández para volver, a Danilo Medina para seguir, o a algún otro pre-candidato para hacerla rodar.

A su vez, acostumbrado a la manipulación constitucional por los políticos, el pueblo dominicano tampoco se adhiere a un concepto definido de la reelección. Si le gusta un presidente se expresan las tendencias reeleccionistas, si no le gusta, se afianzan las tendencias anti-reeleccionistas.

Repito, ningún sistema de reelección es perfecto: ni la reelección indefinida, ni la reelección no consecutiva, ni la prohibición total de la reelección. Todos tienen méritos y defectos. Pero una vez se escoge un sistema y se establece en la constitución, debe prevalecer en el tiempo para construir institucionalidad política. Es decir, el sistema de reelección no puede expresar el capricho del momento de un presidente o de un partido, y ni siquiera de la ciudadanía. Si no, la política es un relajo.

Enlace al periódico HOY: http://hoy.com.do/el-jacho-la-antorcha-y-la-reeleccion/autor/rosario-espinal/

 

El muro: ja, ja junio 18, 2014

Filed under: Artículos periodísticos de los miércoles — rosarioespinal @ 10:01 am

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Artículo publicado el miércoles 18 de junio de 2014 en el periódico HOY

La mentira más propagada en República Dominicana es que la migración haitiana se debe a la presión internacional para que este país se haga cargo de los haitianos. No es así. La migración de haitianos a República Dominicana se debe fundamentalmente a la miseria en Haití que expulsa su población y al deseo de explotación laboral en República Dominicana.

La mayoría de los haitianos han cruzado la frontera con la aprobación explícita o implícita de las autoridades dominicanas. La mayoría de esos haitianos son empleados por los empresarios dominicanos y por el Gobierno dominicano en el sector agrícola y la construcción. Además, la mayoría de los haitianos hacen los trabajos que los dominicanos no quieren hacer como cortar caña, sembrar arroz y cavar hoyos.

Como los haitianos son muy pobres y trabajan por bajos salarios, multiplican la pobreza en República Dominicana. Por ser pobres y negros son sujetos de discriminación, e igual les sucede en su propio país.

La propuesta de construir un muro es irrisoria y lamentable. Primero, para construir un muro hay que tomar mucho dinero prestado que tendrán que pagar con intereses los dominicanos. Segundo, la mano de obra para construir el muro será fundamentalmente haitiana. Tercero, con la corrupción y desorganización que prevalece en la frontera, los haitianos seguirán cruzando a cambio de un pago a las autoridades dominicanas. La trata humana es rentable.

Para controlar la migración sólo hay dos medidas que funcionan: un estricto control de frontera por autoridades civiles y militares honestas, y sanciones a los empresarios que contraten mano de obra indocumentada. El Gobierno dominicano no tiene interés en hacer una cosa ni la otra; de hecho, el propio gobierno es un gran empleador de trabajadores haitianos indocumentados en la construcción. Por lo tanto, un muro no detendrá la migración haitiana; y propagar la idea del muro solo sirve para agitar la xenofobia.

La República Dominicana tiene absoluto derecho a controlar la migración. Ningún país del mundo ni ningún organismo internacional ha negado ese derecho a este país.  Lo que no puede hacer República Dominicana es ser irresponsable permitiendo una gran migración indocumentada para la explotación laboral y luego hacerse la víctima como con frecuencia se hace.

Este discurso de victimización encuentra eco entre muchos dominicanos, pero no tiene asidero a nivel internacional, donde se sabe muy bien que el principal patrocinador de la migración indocumentada haitiana ha sido el propio Gobierno dominicano.

Para cerrar la llave migratoria, el Gobierno dominicano tendrá que ser menos corrupto y más eficiente, y aplicar las leyes con decisión y justicia. Cuando eso suceda, si es que sucede, los empresarios dominicanos, incluido el propio gobierno, tendrán que aumentar los salarios y ofrecer incentivos a los dominicanos para que realicen los trabajados que ahora realizan los haitianos.

Haití hace frontera terrestre y marítima con República Dominicana; esto es un hecho. En Haití predomina la miseria; es un hecho. Cuando hay miseria, los seres humanos buscan un escape. Además, la República Dominicana tiene poco poder sobre lo que ocurre en Haití. Por todas estas razones, ha sido una irresponsabilidad mayúscula de los gobiernos dominicanos haber patrocinado la migración indocumentada haitiana.

Ni la Sentencia TC 168-13 ni la Ley 169-14 resuelve el problema migratorio haitiano. Para detener y revertir parcialmente esta migración, se necesita responsabilidad gubernamental en República Dominicana, se necesita eficiencia y transparencia en el ejercicio de la función pública, y menor voracidad explotadora entre los empresarios y el propio Gobierno dominicano.

Hablar del muro sirve para agitar el patrioterismo dominicano, pero no soluciona el problema de la migración indocumentada.

Enlace al periódico HOY:http://hoy.com.do/el-muro-ja-ja/autor/rosario-espinal/

 

¿Qué esperamos? junio 11, 2014

Filed under: Artículos periodísticos de los miércoles — rosarioespinal @ 9:19 am

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Artículo publicado el miércoles 11 de junio de 2014 en el periódico HOY

En reacción a mi artículo de la semana pasada titulado “Fin de la política”, algunos lectores lo consideraron pesimista. El pesimismo no me es dado por hábito, pero reflexioné, y la verdad, al seguir escudriñando, encontré más razones para sentirme abrumada. Supongo que muchos lectores coincidirán con esta pequeña lista de problemas que hace estragos.

Los accidentes automovilísticos. República Dominicana tiene la desdicha de encabezar el mundo en estadísticas de accidentes de tránsito. Estos accidentes dejan muertos y heridos que enlutan muchas familias e incapacitan un segmento de la población. La falta de cumplimiento de las leyes y el alcoholismo son causantes fundamentales de los accidentes, junto a la disfuncionalidad de las autoridades del tránsito.

Me pregunto, ¿cómo es posible que el gobierno no tenga una campaña masiva para preservar vidas durante todo el año? ¿Cómo es posible que las autoridades del tránsito no cumplan con su deber de vigilar y sancionar a quienes violen las leyes? Y los conductores, ¿por qué manejan a alta velocidad o bajo el efecto del alcohol?

Con voluntad ciudadana y medidas efectivas del gobierno, podría enfrentarse este grave problema. ¿Qué esperamos?

La desigualdad social es fuente de muchos problemas. Ahonda las diferencias de clase, es excluyente de los sectores con menores recursos, impide el desarrollo de las capacidades humanas de muchas personas, limita el desarrollo nacional, produce delincuencia y genera resentimientos.

En República Dominicana, en el año 2012, el 20% más rico captó alrededor del 50% de la riqueza, mientras el 20% más pobre captó menos del 4% de la riqueza, según datos de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL). Esto es inaceptable.

La desigualdad es producto de la explotación y la corrupción. La explotación se fundamenta en el pago de bajos salarios a los trabajadores, y la corrupción en los beneficios derivados fundamentalmente de las relaciones políticas.

Para mejorar la distribución del ingreso, los empleadores tienen que subir los salarios, y eso mejorará el consumo y las ganancias. A su vez, el Estado tiene que impulsar políticas compensatorias de calidad, sobre todo en educación y salud, que ayuden las familias de bajos y medianos ingresos a experimentar movilidad social. ¿Qué esperamos?

Un efecto de la desigualdad social es el brote delincuencial que opera ya a nivel de epidemia social. Mientras los ricos desfalcan empresas y reciben concesiones del gobierno para realizar actividades económicas, y los políticos hacen fiestas con los recursos del pueblo, los ladrones proliferan, roban de todo, dondequiera y a cualquiera; y además, la Policía es con frecuencia cómplice directa o indirecta.

Cuando las fuerzas del orden generan desorden, la sociedad se corroe y los niveles de confianza declinan. Es lo que sucede en República Dominicana, y por eso ha sido imposible controlar la delincuencia.

Hay que revertir esta tendencia y el gobierno tiene que emplearse a fondo, incluido el 911. No hay que aceptar el chantaje delincuencial como norma de vida. ¿Qué esperamos?

El narco ha sido un transformador nefasto de la sociedad dominicana. El lavado de dinero ha acostumbrado a muchos a acumular riqueza fácil; las riñas de grupos terminan en asesinatos; y muchos jóvenes de todas las capas sociales terminan condenados al vicio de las drogas. Para enfrentar el consumo, primero hay que enfrentar el tráfico y el lavado. ¿Qué esperamos?

La basura. Abra los ojos, transite por cualquier ciudad o poblado, y la basura arropa las calles y calzadas. Los ayuntamientos pagan millones a vagos. ¿Por qué no organizan brigadas municipales de limpieza? De lo contrario, el dengue, el chikungunya y la diarrea continuarán haciendo estragos. ¿Qué esperamos?

Enlace al periódico HOY: http://hoy.com.do/que-esperamos/autor/rosario-espinal/

 

Fin de la política junio 4, 2014

Filed under: Artículos periodísticos de los miércoles — rosarioespinal @ 2:22 pm

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Artículo publicado el miércoles 4 de junio de 2014 en el periódico HOY

Anunciar el fin de la política es un acto de insensatez intelectual similar al de Francis Fukuyama que anunció el fin de la historia y nunca llegó. Han continuado las guerras, la pobreza, la opresión, el descontento. Y es que la política es inacabable; es lucha de poder, y la historia de la humanidad no conoce época sin ella.

¿Por qué entonces encabezo así este artículo? Porque la idea del fin de la política sirve de metáfora para describir lo que sucede actualmente en el país.

Aunque la política es lucha constante de poder, también es construcción de utopías, de referentes éticos y normativos, y esperanzas por un mañana mejor. Desde esta óptica, en República Dominicana se asiste al fin de la política.

No hay ética ni utopía entre los actores principales de la macro-política: los partidos, el Estado y las grandes instituciones privadas. Los movimientos sociales y la sociedad civil son débiles y muchos están entrampados con los partidos y el Estado en la amplia red clientelar.

El PRSC se desvaneció como organización política por continuar derivando grandes beneficios del Estado, y nunca fue referente de construcción de utopías democráticas.

El PRD encarna una lucha personalista y desorganizada producto de tres décadas de abandono de todo referente ético y utopía democrática.

Antonio Guzmán se suicidó en medio de acusaciones de corrupción que levantaron sus propios compañeros de partido. Salvador Jorge Blanco terminó su presidencia con gran descrédito y Balaguer lo convirtió en un paria eterno. Hipólito Mejía dejó el gobierno en medio de un desastre financiero y la economía en picada. Ese partido que encarnó las utopías democráticas de las grandes mayorías, se ponchó con tres strikes en el gobierno. Ahora naufraga sin el menor apego a principios.

El PLD, inicialmente pequeño y con el líder político más intransigente con las normas éticas, fue transformado por sus jóvenes dirigentes en una maquinaria de hacer dinero y reproducir poder. Quedaron embrujados con Balaguer y se hicieron diestros en articular los intereses de los históricos desfalcadores del Estado que nunca se han despegado del poder.

En los gobiernos del PLD aumentaron el presupuesto, la deuda pública y los impuestos; se hicieron concesiones inadmisibles, y se elevó el clientelismo a nivel de política pública.

Los partidos minoritarios se colocan en uno de dos bandos: los que amamantan recursos públicos en coalición con un grande, y los que no logran ni siquiera votos suficientes para mantener estatus legal.

Así constituido, el panorama político de República Dominicana es desolador. No hay utopía ni ética, no hay justicia ni certeza. Predomina el inmovilismo.

Leonel Fernández encubrió todas estas deficiencias con un discurso de progreso que animó mucha gente después de la crisis económica de 2003-2004. Danilo Medina lo encubre ahora con sencillez y guayabera, y algunas medidas de impacto que sostienen su alta popularidad. La ultra-derecha enquistada en el gobierno espera mantener el pueblo entretenido y enfilado con patrioterismo. Amplios segmentos del pueblo se apegan al gobierno buscando aliento económico para sostenerse. Con ellos aseguran una gran masa electoral.

La política dominicana fluye de farsa en farsa, de trampa en trampa, de escándalo en escándalo. Habita en un terreno fofo donde hasta los vientos soplan en burla.

Pero ah, el fin de la política nunca es eterno; hay oasis en el desierto. Algún día volverán a repicar las campanas de cambio por un país más justo y más organizado, de menos corrupción, menos violencia y menos delincuencia. Por ahora, el horizonte es agrio, los ladrones son muchos, y las víctimas sucumben en la impotencia.

Enlace al periódico HOY: http://hoy.com.do/fin-de-la-politica/autor/rosario-espinal

 

 
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